Llevo 28 años dejando recuerdos regados por esta ciudad a la cual me llevo tatuada en el alma. He dejado pedacitos del corazón en incontables esquinas, restaurantes, banquetas, bares, centros comerciales, rincones, parques... Y ahora que me tengo que empezar a despedir (al menos por un tiempo), esos recuerdos se sienten más fuertes que nunca. Aquí lloré, reí, me carcajée, amé, olvidé, me perdí, pero sobretodo, viví...
Extrañaré mi casa y sus árboles y su banqueta, mi cama, mi jardín y la puerta, la paletería de la esquina y mi regadera. Extrañaré el Parque Hundido, el Mi Gusto es, las quecas de aquí a dos cuadras y los tacos de Los Parados. Extrañaré Galerías Insurgentes y el Cinemex Manacar con el recuerdo intacto de mi primera cita, y por supuesto extrañaré la Colonia Roma y su magia y sus cafés y sus moteles y mi ex-oficina, incluídos los latidos extras al pasar enfrente de donde dejé aquel amor único y equivocado hace ya tanto tiempo. Extrañaré la casa en la calle de Baltimore y el cuarto de los post-its donde me deslumbró aquel efímero relámpago, y el Carlos & Charlie's donde me dejaban bailar en las mesas en mi adolescencia, y la Colonia Florida donde pasé mi infancia enfundada en un uniforme azul marino, y bueno, creo que ni tengo que mencionar cuánto extrañaré a mi familia hermosa y a todos mis pocos amigos...
Pero lo que sí estoy segura, es que no voy a extrañar nada esa esquina de insurgentes donde lloré por horas sola a media noche, ni aquel antrucho donde el vacío era tan grande que lo único que me quedaba era confiar en el futuro incierto. No extrañaré nada del año pasado porque estaba muerta, y por eso también es que me voy, porque aunque este 2009 ha sido todo increíble, me sirvió para darme cuenta que aquí no está lo que busco, al menos no por ahora.
Así que deséenme suerte, que me voy a conocer otras banquetas y a descubrir nuevos rincones pa' contarles mis secretos, ahora en inglés.
Perdón que te moleste a estas horas (aunque tal vez por donde andes las horas no importen), pero a veces me hace falta con quien platicar. Sé que cuando andabas por estos rumbos no platicábamos mucho, es por eso que quiero pensar que ahora que tú entiendes las cosas mejor que nadie y puedes ver todo más objetivamente, me escuchas y comprendes mejor que nunca. ¿Cómo has estado, Lala?, ¿qué se siente estar más allá de todo y de todos...?, ¿te acuerdas de las tonterías que te hacían parte de nosotros?... ¿de los olores, de las canciones que nos cantabas, de tu cajita con los barnices de uñas que a veces me dejabas usar?... yo quiero pensar que todas esas cosas todavía las traes contigo donde quiera que andes, y prefiero pensar que ese donde quiera es más bien por aquí cerca, por que la verdad si no me voy a sentir bien sola. Ya llevo un tiempo sola, como igual te habrás podido dar cuenta, extrañando cosas que quizá nunca fueron mías, tratando de entender otras que quizá nunca acabarán de tener sentido, huyéndole a tristezas inútiles, gastadas, viejas... y si te soy sincera me cuesta trabajo y a veces no lo logro muy bien que digamos. Es entonces cuando, como ahorita, veo tu retrato sonriente mirándome de vuelta, y lloro porque no estás y porque no me despedí de ti nunca y porque me quedé con un chingo de abrazos que darte y de secretos que decirte, y porque quiero creer que a pesar de todo tú me cuidas cuando todos se van a dormir y no hay nadie, y hasta creo que te oigo decir bajito que hay un plan más grande que guarda el universo para mi en algún lado y que por eso yo todavía no entiendo nada, y que todo esto algún día va a tener sentido. ¿Ya ves, Lala?... es que a veces soy bien mensa. Pero también a veces me hace falta cariño, y entonces me ando conformando con cualquier retazo que atrape yo en el aire pa ver si así le pongo otra pieza al rompecabezas. Generalmente estoy bien creyéndome mi propio cuento, pero al final de días como hoy me cae de pronto el veinte que no, que ya perdí piezas que no voy a volver a encontrar nunca y entonces me da por chillar por que se me acaban los pretextos tontos para aferrarme así a ciegas.
Perdón, Lala, nomás ando acá diciéndote tonterías. Te extraño, ¿sabes?, y mucho. Me acuerdo de ti siempre. No nos descuides, La, sobre todo a mi mamá que es a quien más falta le haces. Ayúdame a ser fuerte y a seguir el camino que me corresponde. Digo, ahí nomás a veces dame uno que otro empujoncito pa no doblar en la esquina equivocada. Y no me dejes sola, porfa, que de por sí las cosas no andan muy bien que digamos. Salúdame al abuelo, dile que a él también lo extraño mucho y que sigo siendo 'su única' por siempre y para siempre. Guárdenme por ahi un abrazo para cuando los alcance.
Mientras tanto, hasta mañana, Lala, que por hoy ya voy a dejar de llorar.
Como esa escena de Romeo y Julieta en la alberca, escondidos de la mirada del mundo, así fuimos. Como esas historias que deberían de contarse siempre, y siempre de repetirse. Como en un libro de Brian Weiss, donde desde la primera vez nos adivinamos todo, así chocaron nuestras miradas. Como en cuento de García Márquez, donde la magia se toca como si fuera cosa de todos los días. Como final de temporada de serie gringa, donde todo pasa y no pasa nada pa' dejarte picado. Como película porno, también, por qué no, nos enredamos en sábanas de un hotel 5 estrellas. Como canción de esas que pasan en los capítulos que sabes van a terminar mal, así es nuestro soundtrack. Como echarlo todo a la suerte, como cuando los dioses surfean sobre la muerte. Como preview de película palomera, de esas que te obligan a comprar boleto en preventa.
Conóceme. Acércate poquito a poquito. Déjame curarte a besos queditos todas esas heridas que traes por dentro. Quiero que recargues tu cabeza en mi pecho; prometo nunca dejar de acariciarte el pelo. Y con mis manos, déjame descolgarte todos los prejuicios y desabrocharte tus miedos cada vez que te quite la camisa. Déjame consentirte, llenarte de cariños, de miradas cómplices. Déjame ser parte de los recuerdos que guardas en aquel lugar importante. Quiero hacerte reir de nuevo hasta que se te salgan las lágrimas. Quiero divertirte, verte contento siempre, todos los días. Déjame hacerme cargo del equipaje que traes arrastrando. Si me dejas, prometo quererte más de lo que te imaginaste alguien podría quererte nunca. Prometo regalarte mis ojos para que veas todo lo que yo he visto, mis dedos para cuando tus manos no puedan dibujar facciones, mis brazos por si los tuyos se cansan de cargar las cosas pesadas y mi corazón para que te sientas más vivo. Si quieres, te doy la bienvenida con todo y defectos, pasado, experiencias y malos sueños. Te comparto el rato que quieras de mi vida, mi luz por si no puedes dormir alguna noche, lo que tú quieras por tu media sonrisa.
Yo, a cambio, te pido sólo una cosa: Que me cumplas el deseo que te pedí sumergidos en el agua, que no le pongas fin a la historia extraña, que completes con razón a mi intuición que me dice que ahí estás, que ahí sigues... que me des el chance de demostrarte que todavía, y a pesar de todo, puedes ser feliz.
Ya hay nuevo post en Cabo Wabo, y ya está de nuevo abierto al "público en general", no sin antes aclarar que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Estoy recostada en la cama de mi cuarto de hotel en Manzanillo oyendo la lluvia caer afuera. Mi mejor amiga ve la tele y yo tengo una sonrisa enorme y estúpida pintada en la boca. Los recuerdos de ayer giran en mi jóven cabeza y me hacen latir fuerte el corazón. Tú me debes algo..., me decías mientras acercabas tus labios y me dabas aquel primer beso en donde decidí regalarte la vida y firmarte todo lo que me deparara el destino desde entonces. Así giras en mi cabeza, todo revuelto entre la noche y la lluvia y tus manos y la playa y el humo de las velas que no querías dejar escapar. Y cierro los ojos y cuando los abro, estoy nueve años más tarde y kilómetros más lejos. Y me veo en el espejo y soy otra, mi mirada ya no es la misma, me falta inocencia y un poquito de esperanza que se me quedó el la arena de ese mar. Y sé más cosas y conozco más lugares, y cuento más nombres y mis manos recuerdan más cuerpos, pero en realidad soy la misma tonta que va a perseguir sueños lejanos, la misma que viaja horas por acurrucarse entre los brazos de alguien que decida hacerme una promesa efímera pero no por eso menos real. La misma, la misma que te fue a buscar al fin del mundo sólo a cambio de unas horas y tu sonrisa que valió la eternidad completa. La misma. Después de nueve años, tristemente, sigo siendo la misma...
Hace no mucho leí un libro de esos que son nomás novelas pa' entretenerse en el aeropuerto. La verdad, nada relevante, sólo una cita que se me quedó grabadísima y que todavía hay veces, como en este preciso momento, que al leerla se me hace un nudo en la garganta. Y aunque me juzguen como la persona más tonta del mundo, debo de aceptar que para mi hay pocas citas más sinceras y ciertas que ésta:
"I heard a thousand times that a boy, or a man, can’t make you happy, that you have to be happy on your own before you can be happy with another person. All I can say is, I wish it were true."
"Me parece que el muchacho está en ti, contigo, si no, pa que la molestia del hijo. Sigue procurándolo, que mientras haya reciprocidad vale la pena y atesora las ausencias tanto como los acercamientos porque te permiten no dar nada por sentado."
Tu mirada de niño que traías arrastrando en los ojos que brillaban. Y yo entrgada totalmente a tu voluntad como hace años no me pasaba. Y la magia en el cuarto de los post-its. Y la electricidad en el aire. Y todo lo inexplicable dibujándose en las alas que, literalmente, encontré en tu espalda. Y aquel idioma que no necesitó palabras. Y los dos en las nubes durmiendo en el suelo. Y tu sonrisa que calló todos los ruidos del mundo. Y el universo con todas las preguntas resueltas en tu abrazo. Y los dos así, como dos piezas de rompecabezas únicas, embonando a la perfección en todos los sentidos. Y ese todo que no me cabe en el cuerpo y qué no sé que es ni cómo se explica. Y el relámpago de tu presencia que me dejó ciega, el que se volverá sonrisa en todos mis recuerdos. Y el destino llevándote lejos demasiado pronto. Y yo aquí, con las manos vacías, pero con las entrañas llenas de tu fugaz presencia. Y sabiendo con ese sexto sentido que la razón se empeña en desmentir, que eres tú la promesa que me trae este verano y que de alguna manera lo que pasó en esa extraña noche de jueves, se convertirá en un pedacito de eternidad.
Y con la certeza de que las palabras no podrían jamás hacerle justicia a lo que pasó aquella noche, lanzo la petición al universo de que si no me queda un final feliz contigo, tan siquiera sí un 'continuará'...
Me gustaste así nomás. Y yo te gusté a ti. La electricidad nos delató primero. Las miradas, después. No sé cómo, pero te volveré a ver. Pronto.
Bienvenido julio, el mejor mes para contar historias. Bienvenido olor a lluvia en las calles de la Roma. Bienvenido verano. Bienvenido tú, desconocido con aires de premonición.
¿Por qué, por qué, por qué por más que trato no puedo ser feliz?... ¿Por qué todo es complicado? ¿Por qué todo se enreda? ¿Por qué tengo ganas de llorar cada que llueve?... Ya me quiero ir. Quiero escaparme, empezar de nuevo. Pasear por la niebla de un país ya no tan desconocido con mi abrigo negro y mis botas grises de tacón mientras la ciudad de los puentes maravillosos me coquetea y me hace promesas al oído. Entender como funciona todo y no solo eso, hacer que funcione. Y luego, tal vez, la vida se ponga bonita de nuevo y me sonría como hace mucho no lo hace.
Hola, verano. ¿Me traerías un capuchino con crema irlandesa y dos de azúcar? Uno como ese que me diste a probar hace nueve años justo en medio de la lluvia que en ese entonces todavía no me hacía llorar..
Setenta y siete sesenta. Tus ojitos que brillan. Una playera verde. Tu voz y tus ademanes y mi secreto. Mommy's little monster. Sonrisita, siempre tu sonrisita. Juegas y juego, jugamos bien. Un jugador más en el tablero. Cinturón hacia un lado. Cosas de pareja van en el Inbox y no en el wall, sabiduría contemporánea. Tú. El tatuaje que me vuelve loca. Nadie sabe, nadie supo. Juegas, juego, jugamos. Y siempre pierdo. Y tú también. Palabras que no se dicen pero que vuelan en el espacio que queda entre tu cuerpo y el mio. El nervio, la mano sudada. Tapones para los oídos. Un colchón en lugar de cortina. Los gatos, la Tomasa. Todo y nada. Tus besos, tus besos, tus manos, tus labios, tus orejas, tus besos. Un taxi. Me voy. Te quedas. Pero siempre regreso. Y tú también.
No entiendo a los hombres. Dejé de tratar desde hace mucho y debo decir que tampoco ha funcionado. No los entiendo. No entiendo, no entiendo, no entiendo.
Y lo peor de todo es que no hay traductor en la web.
Sobrevivo a la epidemia. Me enamoro del que sale en Supernatural porque gracias al encierro no hago más que ver las primeras dos temporadas, y oh dios qué bien está. Pienso que yo quiero (necesito) uno así, igualito. Respiro, me muero de calor. No dejo de venir a trabajar a la agencia, no podría, ya me hubiera vuelto loca. Y a veces tengo suerte y lo veo y se le escapa una de esas sonrisas que yo sé son sólo para mi, así bien exclusivas. Conozco gente nueva con y sin tapabocas, me rio, me acuerdo de cosas, me dan ganas de verte, de encontrarte así de la nada y decirte todo lo que nunca te dije ni a la orilla del mar. Y luego me voy a mi casa sin tráfico porque la ciudad está sola y veo otro capítulo de Supernatural y me enamoro otra vez y a lo mejor encuentro uno parecido en San Francisco ahora que me voy. Empiezo a hacer ejercicio, estoy contenta a media pandemia y lo conozco un viernes, los momentos los manejo en mis manos y empiezo el juego, soy buena y me gusta. Si nos hubieran dejado, te ganaba en el billar. Y él me gusta porque me recuerda mi lado bueno con mensajitos lindos que llegan a la hora exacta, pero soy libre y quiero volar un rato, enrredarme en barandales de edificios de un piso en la Roma, en colchones que descansan en el suelo, y sí, también en su recámara bonita porque me hace falta que me consientan un rato... pero sin dejar de volar. Soy libre, soy libre por fin después de tanto tiempo, soy yo completita y me encanto, soy maravillosa y no hago promesas de nada porque no puedo, ni quiero, porque me gusto más así, por que ya no me acordaba qué se sentía despegarse del suelo...
Si quieres, ahora te regalo una 'n' minúscula pa que la pongas donde más te guste.
Ayer en la noche me agarró la depre. Podría mentir y decir que me agarró desprevenida, pero la verdad es que la ví venir desde que amaneció nublado. Me alcanzó por ahí de las cinco de la tarde y creí que si me hacía mensa un rato iba a poder ignorarla, pero no contaba con que se iba a esperar ahí juntito y me iba a seguir hasta mi casa. Fue entonces cuando no me quedó de otra y me encerré con ella en el baño. La muy culera me trajo recuerdos que tenía guardaditos con llave, me echó en cara todo lo que había tratado de ignorar por un buen rato y me atacó por la espalda. Y yo chille y chille en el baño y ella repitiendo nombres, errores, voces, miradas, sentimientos... así todo directo a la yugular. Errores y errores y errores. Y nunca nada es para ti, ¿te das cuenta, tontita? Tú que presumes de tu puntualidad y siempre andas llegándole tarde a todo. O temprano. El caso es que nunca es tu tiempo. Todo te sale mal. Y por más que te vayas lejos y trates de escaparte, todo eso que has hecho mal te va a seguir a todas partes, de eso me encargo yo. Mírate aquí chillando, aferrándote al último recuerdo bonito que tienes, ese del cuarto donde se mete todo el ruido de la calle. Pero no te hagas, también eso te duele. Tómala, por tonta...
¿Y qué le decía yo si tenía razón en todo lo que me decía?... por eso lloraba, porque me dio coraje no poder defenderme. Así me tuvo como una hora, hasta que se cansó y me dejó ahí sola, con la nariz roja y los ojos hinchados y los pensamientos hechos bolas y el corazón todo encogido. Y yo sólo pensaba: al final, como siempre, estoy sola.Y no me quedó de otra mas que irme a tratar de dormir.
Qué bueno que hoy amaneció el cielo un poquito más despejado.
En lugar de estar encerrada en mi cuarto muriéndome del pinche calor, debería de estar jugando al maridito contigo. Estaríamos los dos caminando por el andador de Alvaro Obregón, yo con tus dedos enlazados en una mano y un helado de mandarina en la otra, y tú habrías pedido tal vez el de limón porque con el calor sólo se antojan los helados de agua. Tú andarías como siempre con tus fachas y tus Converse sucios y yo muy mona haciéndome la dizque hippie para hacer mejor match contigo y con nuestra caminata sin rumbo fijo. Y entonces la gente se nos quedaría viendo porque yo me estaría riendo todo el tiempo de las tonterías que se te ocurren y tú de toda la información basura que tengo guardada en la cabeza pero que por alguna razón no me daría pena compartir contigo, o sea así como si fuéramos el uno para el otro, ¿ajá?... Y luego cambio la conjugación de los verbos y seguimos caminando y pasamos entre las fuentes y vemos a los pajaritos que brincotean junto a los arbustos y los perros que andan caminando ahí con sus dueños atras de ellos y tú me abrazas de repente y me preguntas: ¿por qué estás tan bonita? y yo te contesto: pues para gustarte, menso. Y nos seguimos riendo, ¿ajá?, así como locos, sin que nos importe nada más que las pinches mariposas que nos bailan en la panza, o sea como si fuéramos otra vez adolescentes.
Pero a tí qué te cuento, Diablo Guardián. Yo sé que nomás andas haciéndote güey, así como que no te importa. Cuando una ya ha bajado al infierno ya sabe reconocer los demonios en los ojos de las demás personas. O sea los que una anda despertando, ¿ajá?, provocando así como que no quiere la cosa. Porque que así como me ves, con esta carita de no rompo un plato, todavía tengo algunas cartas guardadas bajo la manga. O a lo mejor las guardé en el escote, ya no me acuerdo. Y tú te mueres de ganas de averiguarlo, darling, por más que hables de tu noviecita santa en frente de todos pa' que se traguen el cuentito de que andas muy enamorado. Te mueres de ganas de averiguarlo otra vez, y se te andan escapando los pretextos en cada sonrisita tonta que me dedicas cuando crees que nadie te ve.
Porque como a Violetta, a mi también me gusta un hombre y zaz: se chinga todo.
Odio el calor que está haciendo en las noches. Lo odio porque no me deja dormir, y porque cuando logro hacerlo tengo unos sueños rarísimos. Ayer estaba justo intentando quedarme dormida cuando uno de esos pensamientos estúpidos pre-inconcientes me llegó a la cabeza: Si es cierto eso de que cuando estás a punto de morirte un resumen de tu vida te pasa por delante cual shuffle, cuáles serían los momentos que valdría la pena tuvieran un lugar en tan importante selección?...
Seguramente, me acordaría otra vez del olor de los vasos de cera con super héroes pintados de la fiesta No. 2 de mi primo Juan, y de algunas de esas veces que se quedaba a dormir en la casa y a mi me daba una emoción padrísima saber que iba a tener con quien jugar desde tempranito. También segurísimo vería mi primer viaje a la playa que casualmente sería en Manzanillo en donde yo conocí el mar. En décimas de segundos sentiría yo otra vez la arena calientita de la caminata hacia la casa de las tías en Maeva, y por supuesto que habría pedacitos de las navidades en familia, de las nochebuenas frías en Villa Verdún en la casa de los abuelos que tenía chimenea y de las veces que mis papás escondías los regalos de Santa Claus. Vería también, mi primer día de clases en el IMA y los días del niño que esperaba con tantas ansias. Snorkelearia de nuevo a los 12 años en cozumel y me invadiría el sonido vacío de cuando sumerges la cabeza en el agua. Luego seguiría mi cumpleaños número 15 en Reino Aventura, y aquel día del partido interáreas del CUM donde conocí a mi primer amor platónico con el jersey 33. Volvería a entrar al cuarto de hotel en Acapulco donde me esperaban los Hanson, y habría flashazos del viaje a Cocoyoc y a Canadá con Rocío. Por supuesto que se aparecerían ahí, en medio de todo y lo más importante, esas tardes en el Café Jardín de la Roma en donde se le ocurrió despertarse al mundo. Vería, despacio, sus ojos verdes tan verdes como grises, y su sonrisa y el lunar de atrás de su oreja. Y volvería a pasear de su mano y a perderme en su boca mientras oigo a lo lejos la canción del unicornio azul que nos gustaba tanto. Y luego vería nuestra playa con todo y sus relámpagos, y el cuarto del ventilador y la lluvia y su abrazo y sus besos. Y luego vería algunos ratos en la EDINBA, y el segundo preciso en el que me decidí a hacerme mi primer tatuaje. Y pasaría por enfrente de mis ojos el momento justo en el que desperté en la cama de aquel que durante tanto tiempo me movió la cabeza y miraría fijamente las burbujas naranjas de la lámpara de lava que teníamos enfrente, para de ahí irme directito a Pie de la Cuesta a la mejor fiesta de fin de año de la Walter. Luego me tomaría uno de esos cafés de Starbucks sentada en diferentes coches afuera de mi casa tratando de alargar pláticas y buscar pretextos para después pasar a la fiesta de Cuernavaca del cuarto del iPod. Y luego vería el momento en el que se me volvería a aparecer el único que ha podido detenerle el tiempo al universo y volvería a poder respirar profundo entre sus brazos y su polo verde, tan verde como sus ojos. Y volvería a hacer el amor enfrente de la chimenea de la casa de Avenida Toluca con mi niño maravilla mientras destapamos una botella de champaña para celebrar el año nuevo. Viajaría de nuevo a San Francisco para darle un beso a mis sobrinos y me pasaría a NYC a perseguir mi historia de Hugo Rush y a contar los segundos para el año 2009 que no volvería a pasar. Caminaría por París y Londres para regresar disparada y llena de ansias a la colonia Roma a encontrarme con el extraño más conocido que me había topado desde hace mucho. Y despertaría enredada en las sábanas del colchón que tiene en el suelo mientras él busca mi mano para entrelazar, como que no quiere la cosa, sus dedos que hacen maravillas. Me besaría de nuevo en la frente mientras nos quedamos dormidos y por último, así ya en mi último segundo de vida, regresaría de nuevo al cuarto del ventilador de la playa del verano bisiesto y me dejaría llevar por el verde grisáceo de sus ojos hasta el mar donde me quedaría para siempre por ser de ese mismísimo color.
Así me dormí ayer, y a pesar del pinche calor me dormí bien tranquila porque me di cuenta de que a pesar de todos los madrazos, me ha ido muy bien en la vida. Y que no cambiaría nada, nada.
Llevo semanas soñando cosas raras, y el único común denominador de todas ellas es él. Empiezo a creer que yo funciono como el perro de Pavlov, sólo por medio de estímulos. Me voy a NY y veo al niño de la historia extraña de año nuevo, me cobro mi beso con intereses y mientras fumamos una hooka de menta me doy cuenta que ahí entre nosotros hace falta algo que no sé que es pero que no puedo ignorarlo y que quizá tenga hasta un nombre sencillo. Y justo en este momento se me acaba de nublar la cabeza y se me acaba de olvidar todo lo que iba a escribir y me vuelvo una tonta, tonta tontísima. Y no puedo hacer nada y me caigo muy mal.
Yo pensé que esta estupidez se quitaba a los 16, pero su manera extraña de pronunciar el 'ajá' me hace pensar, por un segundo, lo contrario.
Ok... Voy a darme unos topes en la pared y regreso.