Me odio por tonta. Me odio por que sé que desde afuera se me ve esta sonrisa idiota, injustificada. Me odio por ser feliz con tan poco, con tan nada. Me odio por repetir los mismos errores siempre. Me odio por desesperada. Y me voy unos días y no quiero irme. Y eso, me odio así nomás, por pendeja.
Nuestro café ya no es un café. Ahora a alguien se le ocurrió vender ahí tortas y ensaladas insípidas. Ya no existen las jardineras donde me leíste la mano segundos antes de que me dijeras que querías estar conmigo para siempre. Las paredes que antes eran color durazno como mi perfume que tanto te gustaba, ahora son blancas, sin ningún chiste. Las sillas verdes donde te sentabas a platicarme de tu vida son ahora bancas de madera vacías. Y el lugar ya no huele a nada. Y ya no se siente tibio y ya no tienen música de fondo. Y al entrar ahí nueve años después de ti pensé que iba a extrañarte más que nunca porque ese lugar fue nuestro y ese amor no se ha comparado con nada y sentía que todo se había quedado ahí, como estático en el tiempo, pero no. Entré, después de nueve años, a lo que algún día fue nuestro café y no encontré nada. Y me di cuenta de algo: no es que tú te hayas quedado inmóvil en aquel café, tú te quedaste inmóvil en mi.
Y con esa nueva certeza recién encontrada, puedo llevarte a dónde sea, sin importar cuántas veces cambie el color de la pared.
Quién iba a pensar que un martes cualquiera iba a encontrar un pedacito de la felicidad que se me había escapado hace años y tan así nomás, que sin avisos de nada la iba a ver esperándome en una esquina. Y casi no la reconozco, pero la suerte andaba caminando de mi lado como (casi) siempre que me paseo por la Roma. Por cierto, ya tengo celular nuevo, ya no estoy incomunicada, y aparte de todo está bien bonito y bien fashion y me encanta. También tengo, desde ayer, un par de alas con más color, las de antes ya estaban deslavadas y desgastadas y aveces me costaba trabajo verlas; a mi y a todos los demás. Estoy contenta. Hace sol y aveces llueve y estoy contenta.
Aparte de todo, debo confesar que me gusta caminar por tus rumbos porque luego pienso, o siento, quizás, que puedo encontrarte en una de esas con tu pelo despeinado, tu caminar distraído y tu sonrisa inconclusa.
Sal a pasear tú también, anda, que desde hace años tengo ganas de verte.
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Tengo ganas de llorar. A lo mejor es porque estoy cansada y está nublado y estoy en mi cama sintiendo entrar el aire frío por la ventana. Y es que aveces los días nublados me recuerdan tanto a tí, a tu mirada verde y gris, a la única vez en la vida en la que me he sentido segura de algo. Tengo ganas de llorar porque me di cuenta de que no importa qué tan lejos me vaya, los recuerdos se van conmigo siempre. Y quizá también sea porque el Sena y el francés y los Campos Elíseos tienen tu nombre y la promesa que sigue en el aire. Y en la cena con vino tinto, sales a relucir tú en un presente lejano y ajeno pero que extrañamente me hace sentirte cerca, vivo de nuevo. Y entonces me dan ganas de llorar porque sé que debería de estar tomando tu mano mientras camino por las calles de la ciudad del amor, que deberías de estar ahí tú y nadie más porque no hay nadie más con quien yo haya querido tanto estar en esta vida. Lo extraño es que entre esas ganas de llorar, hay una melancolía y una nostalgia que sólo se aparecen cuando eres tú el protagonista, y una extraña esperanza parecida al ruido que hacen las olas cuando les pega la luz del sol. Y ahí, entre esas ganas de llorar, mientras se me escapan unas cuantas lágrimas, me siento en las sillas verdes de nuestro café que hace tanto dejó de existir, un poquito en el pasado y un poquito en el presente, y cierro los ojos y sonrío porque me siento bien, porque aunque parezca imposible, aunque todo apunte en mi contra, los días nublados me hacen pensar que a tí y a mi todavía nos deben un final feliz.
Y que de alguna manera, algún día, lo vamos a tener.

"Do you know what time it is? You should be drinking coffee. You're a young guy. You know, it's none of my business, but if you could see what I see, you wouldn't be doin' this to yourself."
Dejo atrás mis gavetas casi vacías, unos cuantos papeles, periódicos, impresiones viejas. En mis cajones; mi cajita de tachuelas, tarjetas de presentación que ya no me sirven. El corcho de la pared ya está vacío, mis archivos quemados en dos DVD's. Es increíble como 5 años de mi vida hayan cabido en dos DVD's y una bolsa con unas cuantas cosas. Es increíble como la mayoría de las cosas que acumulé en esos cinco años ahora estén en la basura. Es increíble que casi no tenga recuerdos padres de los últimos dos años aquí. Adiós música fea de los de al lado. Adiós gordo insoportable, adiós Gran Tenor. Adiós dos horas de tráfico diario. Adiós comer sola. Adiós red del Conalep. Adiós horarios, adiós jetas. Adiós malos recuerdos, los buenos me los llevo conmigo. Me llevo los primeros años donde aprendí de todo, me llevo a las personas que valen la pena. Me llevo la caja de colores prismacolor, los plumones que me regaló el Millhouse, mis alebrijes, mi cuaderno de apuntes y garabatos. Me llevo las fiestas de fin de año, Acapulco, mis plumas favoritas, las veces que me quedé hasta tarde platicando con alguien. A mis amigos no me los llevo porque todos se fueron antes que yo. Ahora sí, todo está vacío. Ahora sí no hay pretexto pa' empezar de nuevo en un lugar mejor. Adiós, JWT, y gracias por todo, por cada minuto, bueno o malo, de los cinco años que pasé aquí.
El último que apague la luz.
Por qué será que te pienso tanto..?
Hablas otro idioma, vives en otro país, te llevo varios años de realidad y creo que en esta vida casi ni te conozco...
Y aún así, ahi has estado cuando nadie más estuvo. Cuando más necesitaba un amigo, una hora más adelante estuviste siempre.
Y me entiendes aunque no me sepa explicar del todo. Y cuando lloro, aunque no me ves lo sabes, y haces algún chiste para sacarme una sonrisa. No sé cómo le haces, pero siempre lo logras de larga distancia.
Con todos esos años menos, me sorprendes.
Y como no averiguo todavía cómo decírtelo ni sé si me atrevería, te dedico este post que sé que no verás nunca, y que aunque lo vieras no lograrías entenderlo.
Gracias.
Sigue ahi, conectado. No me abandones. Dame fuerzas.
Algún día acortaremos distancias.