Tú y yo vamos a ser algo. No sé qué, ni cómo, pero lo vamos a ser.
Lo sé.
Tu mirada de niño que traías arrastrando en los ojos que brillaban. Y yo entrgada totalmente a tu voluntad como hace años no me pasaba. Y la magia en el cuarto de los post-its. Y la electricidad en el aire. Y todo lo inexplicable dibujándose en las alas que, literalmente, encontré en tu espalda. Y aquel idioma que no necesitó palabras. Y los dos en las nubes durmiendo en el suelo. Y tu sonrisa que calló todos los ruidos del mundo. Y el universo con todas las preguntas resueltas en tu abrazo. Y los dos así, como dos piezas de rompecabezas únicas, embonando a la perfección en todos los sentidos. Y ese todo que no me cabe en el cuerpo y qué no sé que es ni cómo se explica. Y el relámpago de tu presencia que me dejó ciega, el que se volverá sonrisa en todos mis recuerdos. Y el destino llevándote lejos demasiado pronto. Y yo aquí, con las manos vacías, pero con las entrañas llenas de tu fugaz presencia. Y sabiendo con ese sexto sentido que la razón se empeña en desmentir, que eres tú la promesa que me trae este verano y que de alguna manera lo que pasó en esa extraña noche de jueves, se convertirá en un pedacito de eternidad.
Y con la certeza de que las palabras no podrían jamás hacerle justicia a lo que pasó aquella noche, lanzo la petición al universo de que si no me queda un final feliz contigo, tan siquiera sí un 'continuará'...
Me gustaste así nomás. Y yo te gusté a ti.
La electricidad nos delató primero. Las miradas, después.
No sé cómo, pero te volveré a ver.
Pronto.
Bienvenido julio, el mejor mes para contar historias.
Bienvenido olor a lluvia en las calles de la Roma.
Bienvenido verano.
Bienvenido tú, desconocido con aires de premonición.
¿Por qué, por qué, por qué por más que trato no puedo ser feliz?... ¿Por qué todo es complicado? ¿Por qué todo se enreda? ¿Por qué tengo ganas de llorar cada que llueve?...
Ya me quiero ir. Quiero escaparme, empezar de nuevo. Pasear por la niebla de un país ya no tan desconocido con mi abrigo negro y mis botas grises de tacón mientras la ciudad de los puentes maravillosos me coquetea y me hace promesas al oído. Entender como funciona todo y no solo eso, hacer que funcione. Y luego, tal vez, la vida se ponga bonita de nuevo y me sonría como hace mucho no lo hace.
Hola, verano. ¿Me traerías un capuchino con crema irlandesa y dos de azúcar? Uno como ese que me diste a probar hace nueve años justo en medio de la lluvia que en ese entonces todavía no me hacía llorar..
Setenta y siete sesenta. Tus ojitos que brillan. Una playera verde. Tu voz y tus ademanes y mi secreto. Mommy's little monster. Sonrisita, siempre tu sonrisita. Juegas y juego, jugamos bien. Un jugador más en el tablero. Cinturón hacia un lado. Cosas de pareja van en el Inbox y no en el wall, sabiduría contemporánea. Tú. El tatuaje que me vuelve loca. Nadie sabe, nadie supo. Juegas, juego, jugamos. Y siempre pierdo. Y tú también. Palabras que no se dicen pero que vuelan en el espacio que queda entre tu cuerpo y el mio. El nervio, la mano sudada. Tapones para los oídos. Un colchón en lugar de cortina. Los gatos, la Tomasa. Todo y nada. Tus besos, tus besos, tus manos, tus labios, tus orejas, tus besos. Un taxi. Me voy. Te quedas. Pero siempre regreso.
Y tú también.
No entiendo a los hombres. Dejé de tratar desde hace mucho y debo decir que tampoco ha funcionado. No los entiendo. No entiendo, no entiendo, no entiendo.
Y lo peor de todo es que no hay traductor en la web.
Sobrevivo a la epidemia. Me enamoro del que sale en Supernatural porque gracias al encierro no hago más que ver las primeras dos temporadas, y oh dios qué bien está. Pienso que yo quiero (necesito) uno así, igualito. Respiro, me muero de calor. No dejo de venir a trabajar a la agencia, no podría, ya me hubiera vuelto loca. Y a veces tengo suerte y lo veo y se le escapa una de esas sonrisas que yo sé son sólo para mi, así bien exclusivas. Conozco gente nueva con y sin tapabocas, me rio, me acuerdo de cosas, me dan ganas de verte, de encontrarte así de la nada y decirte todo lo que nunca te dije ni a la orilla del mar. Y luego me voy a mi casa sin tráfico porque la ciudad está sola y veo otro capítulo de Supernatural y me enamoro otra vez y a lo mejor encuentro uno parecido en San Francisco ahora que me voy. Empiezo a hacer ejercicio, estoy contenta a media pandemia y lo conozco un viernes, los momentos los manejo en mis manos y empiezo el juego, soy buena y me gusta. Si nos hubieran dejado, te ganaba en el billar. Y él me gusta porque me recuerda mi lado bueno con mensajitos lindos que llegan a la hora exacta, pero soy libre y quiero volar un rato, enrredarme en barandales de edificios de un piso en la Roma, en colchones que descansan en el suelo, y sí, también en su recámara bonita porque me hace falta que me consientan un rato... pero sin dejar de volar. Soy libre, soy libre por fin después de tanto tiempo, soy yo completita y me encanto, soy maravillosa y no hago promesas de nada porque no puedo, ni quiero, porque me gusto más así, por que ya no me acordaba qué se sentía despegarse del suelo...
Si quieres, ahora te regalo una 'n' minúscula pa que la pongas donde más te guste.